Me es difícil escribirte ahora, después de casi un año de tu partida. Quizá es porque fui muy cobarde o derrepente no me hallaba preparado para expresarte lo que muy pocas veces te dije pero que conocías muy bien.
No existe dolor más grande que el perder a alguien. El tratar de aceptar que ya nunca más verás a esa persona a tu lado, que solo vivirá en ti cada vez que recuerdes algún instante juntos y tus ojos se desborden en lágrimas, cuando sientas que una parte dentro de ti se estruja, se quiebra, se rompe y todo tu mundo se viene abajo, caes en el vacío y nada ni nadie puede detener tu estrepitosa caída, debes seguir adelante, reponerte, tratar de continuar con lo que llamamos vida. Muchísimo más fácil es decirlo que hacerlo. Cierto.
Tuve varios sueños contigo después de lo sucedido. Creo que el más real, en el cual sentí nuevamente tu presencia fue en donde aseveraste que siempre estarías conmigo. No dudo de tal afirmación. No pude evitarlo y desperté con las pupilas húmedas, sollozando tu ausencia.
Recuerdo cuando hace algunos años me operaron. ¿Te acuerdas? Me ibas a visitar, a diario, me hacías reír, nos reíamos los dos, me cuidabas, me protegías, me hacías olvidar esa penosa experiencia.
Tu sonrisa, tu amago de querer golpearme cuando te gastaba alguna broma, cuando me imitabas, cuando te imitaba, cuando peleábamos, cuando sentí que ya no podía más, que no quería saber nada de mí ni de nadie, me diste fuerzas, me apoyaste hasta el final, gracias a ti evité concretar muchísimas tonterías de las cuales me habría arrepentido toda la vida.
El decirte gracias es absurdo porque sabías que hacías lo correcto. Me duele el haber cuestionado lo que era lo mejor para mí, lo cual ocasionó malestares tuyos pero yo, obstinado, me enquistaba en mis elecciones, muchas de ellas erradas.
Si por alguna razón se me concediera un deseo pediría volver a verte y decirte te quiero y gracias, pese a que te opondrías a que te lo dijera, gracias por todo lo que hiciste por mí, por tus palabras, por tus consejos, por tus regaños, por velar por mí, por aliviar lo que en ocasiones me desmoronaba por completo, por haberme sabido comprender cuando tomaba alguna decisión, así haya sido equivocada.
Nunca existirá forma en que yo pueda retribuirte todo el amor que siempre me brindaste y el cuidado que tuviste para conmigo desde mis primeros años de vida, perdurarán en mí hasta el momento en que nuevamente nos encontremos.
Te quiero y te querré toda la vida, Mamá Mila.
No existe dolor más grande que el perder a alguien. El tratar de aceptar que ya nunca más verás a esa persona a tu lado, que solo vivirá en ti cada vez que recuerdes algún instante juntos y tus ojos se desborden en lágrimas, cuando sientas que una parte dentro de ti se estruja, se quiebra, se rompe y todo tu mundo se viene abajo, caes en el vacío y nada ni nadie puede detener tu estrepitosa caída, debes seguir adelante, reponerte, tratar de continuar con lo que llamamos vida. Muchísimo más fácil es decirlo que hacerlo. Cierto.
Tuve varios sueños contigo después de lo sucedido. Creo que el más real, en el cual sentí nuevamente tu presencia fue en donde aseveraste que siempre estarías conmigo. No dudo de tal afirmación. No pude evitarlo y desperté con las pupilas húmedas, sollozando tu ausencia.
Recuerdo cuando hace algunos años me operaron. ¿Te acuerdas? Me ibas a visitar, a diario, me hacías reír, nos reíamos los dos, me cuidabas, me protegías, me hacías olvidar esa penosa experiencia.
Tu sonrisa, tu amago de querer golpearme cuando te gastaba alguna broma, cuando me imitabas, cuando te imitaba, cuando peleábamos, cuando sentí que ya no podía más, que no quería saber nada de mí ni de nadie, me diste fuerzas, me apoyaste hasta el final, gracias a ti evité concretar muchísimas tonterías de las cuales me habría arrepentido toda la vida.
El decirte gracias es absurdo porque sabías que hacías lo correcto. Me duele el haber cuestionado lo que era lo mejor para mí, lo cual ocasionó malestares tuyos pero yo, obstinado, me enquistaba en mis elecciones, muchas de ellas erradas.
Si por alguna razón se me concediera un deseo pediría volver a verte y decirte te quiero y gracias, pese a que te opondrías a que te lo dijera, gracias por todo lo que hiciste por mí, por tus palabras, por tus consejos, por tus regaños, por velar por mí, por aliviar lo que en ocasiones me desmoronaba por completo, por haberme sabido comprender cuando tomaba alguna decisión, así haya sido equivocada.
Nunca existirá forma en que yo pueda retribuirte todo el amor que siempre me brindaste y el cuidado que tuviste para conmigo desde mis primeros años de vida, perdurarán en mí hasta el momento en que nuevamente nos encontremos.
Te quiero y te querré toda la vida, Mamá Mila.

No hay comentarios:
Publicar un comentario