viernes, 31 de julio de 2009

TODO (en la Cato) ES GAY

Para Beto:

Que te digan Gisus es gay. Que te digan Migue es gay. Que te digan Pao es gay. Que te digan Queque es gay. Que te digan Nelsin es gay. Que te digan Edu es gay. Que por circunstancias del destino por mucho tiempo te conozcan como Cabro Bravo es gay. Preferir que te digan Estrellita en vez de Rosita, siendo hombre, es gay. Dejarte la cabellera larga, teniendo el cabello ondulado y te digan Metal Candy, siendo hombre, es gay. Haberte apodado Cabeza de Brócoli es gay. Usar cerquillo es gay. Raparte totalmente la cabeza es gay. Dejarte la barba es gay. Dejártela al estilo chiva es gay. Pensar en llamar a tu grupo de amigos SPG o Super Patrulla Gay es recontragay. Haber sido Miss Cachimbombo de tu T es supragay. Que tu grupo amical te joda de gay es gay y más aún, si a ti te gusta que te molesten de ese modo es grotescamente gay.

Tener decenas de amigas, muchas de ellas más buenas que una gaseosa helada después de una borrachera, y peor aún, no haberte gileado al menos a una es supergay. Nunca haber pensado en levantarte a tu amiga, así esté demasiado apetecible la condenada, pero por el hecho de "ser tu amiga" no lo hayas hecho, o al menos intentado, es gay. Tener jale con las chicas y que a ninguna le hayas hecho caso es gay. Jactarte de haber tenido más de diez enamoradas pero que no dures con ellas más de tres meses es gay. No haberte agarrado a alguien de la universidad es gay. No haber tenido enamorada en la universidad es megalómanamente gay.

Jugar con tus amigos que eres peleador de la WWF o alguna de esas estupideces que agrupan a gladiadores agigantados gracias a industriales cantidades de esteroides que navegan por sus venas es gay; además, el saberte de memoria los nombres de todas y cada una de las técnicas que usan al combatir es archigay y más gay aún es recordar los nombres de los centenares de peleadores que se someten a luchas de lo más sobreactuadas. Pero lo que es soberanamente gay es creer que las peleas son reales. Jugar Dota es gay. Jugar Winning Eleven es gay. Haber jugado Ocho Locos donde existía la cebichería de Letras es gay. Haber jugado a Las Escondidas detrás de Letras es gay. Haber jugado Twister al frente de la puerta principal de Letras es gay. Haber jugado Charada en lugar antes mencionado es gay.

Creerte la super estrella del fútbol pero eres más malo que pegarle a la abuela el día de la madre es gay. Hacer el ridículo jugando fútbol delante de extraños es gay. Llenar tu botella con agua del bebedero en lugar de tomarla directamente del dispensador es gay. Comprar café en Cafetal es gay. Pero lo que rebasa los límites de ser gay es que te sientes a conversar con alguien en esas incómodas bancas. Humillantemente gay. Formar parte del Centro Federado es gay. Ser integrante de una revista es gay. Ser militante de la GPUC (Gays de la Pontificia Universidad Católica del Perú) es redundantemente gay. El nunca haber mandado a la mierda al Sheriff es gay. Que nunca te hayan botado de las zonas con línea amarilla por estar haciendo escándalo es gay. Que el centro de encuentro con tus amigos fuera la Rotonda es gay. Haber entrado a la sala de estudio a estudiar es ominosamente gay.

Nunca haber ido al Hueco, Elo's, La Cabañita o la tienda que está al lado de Tambo's para la ingesta profusa de bebidas alcohólicas es gay. Jamás haber ido a embriagarte con tus amigos, así hayan perdido deshonrosamente las cachimbadas o interfacultades, es gay. Nunca haber entrado borracho a la universidad es gay. No haber libado en la universidad es gay. Usar lentes de chichero frustrado es gay. Usar prácticamente toda la ropa existente y accesorios de la marca ADIDAS es humillantemente gay. Vestir tu casaca o pantalón de buzo de La Inmaculada es gay. Pero lo que denota tu superlativo grado de gay es que te vistas así para que todos sepan que estudiaste en ese colegio. Triste y patéticamente gay.

Nunca haberse tirado una clase es gay. Tirarte clases por irte a tirar es gay. Tirar detrás del auditorio de Derecho es gay. Jamás haber tirado en la universidad es regay. Preferir irte con tu enamorada en lugar de irte a alcoholizar con tus amigos es gay. Gay gay gay y mil veces gay; por los siglos de los siglos, gay.

Deprimirte porque vas a jalar un curso, a sabiendas que vagaste todo el ciclo, es gay. El que posiblemente te boten de la universidad por haber triqueado y sientas remordimientos de tu fatal destino es gay. Amanecerte estudiando un día antes del final cuando no te dio la gana en todo el ciclo de entrar a clases es gay. Pensar en pleno examen por qué carajo no estudiaste es estratosféricamente gay.

Si más de una de tus amigas te ha preguntado si eres gay es gay. Molestarte con tus amigos por haberse comido sin tu consentimiento tu pan del Básico es vergonzosamente gay. Hacer cola por más de una hora para comprar tu Básico es gay. Hacer cola por más de quince minutos para usar el microondas es gay. Pedir "pecho" cuando en el menú se utilizó un ave para su preparación es gay. Comer en los jardines es colosalmente gay.

Perseguir inútilmente a los venados que pululan en el campus es gay. Dar de comer a las ardillas es gay. Jugar con tu amigo que son pareja, siendo ambos hombres, es pecaminosamente gay. Pero lo que pregona tu exorbitante nivel de gay es que le grites mariconadas a tu amigo cuando se encuentra rindiendo examen. Gay, al infinito y más allá...

Participar en el Interfacultades es gay. Ser partícipe del desfile de Interfacultades es gay. Alentar a tu equipo del Interfacultades con una barra es gay. Gritar obscenidades al árbitro que se equivocó en alguna decisión del juego es gay. Pero lo que eleva tu nivel de gay es que lo hagas en grupo. Hazlo cara a cara, con el árbitro al frente, hipergay.

Ir a los tonos de Levy del Águila es gay. Pelearse por querer llevar una clase con Farid Kahhat es gay. Gritarle en clase a Juan Luis Orrego "hazme un hijo" es gay. Pensar que Iván Meini es atractivo, siendo hombre, es gay. Hacer hora en el Tontódromo es gay. Ir a la Biblioteca Central a estudiar es gay. Estar en el lugar referido anteriormente para dormir es gay.

sábado, 16 de mayo de 2009

SEMBLANZA PÓSTUMA AL SENTIR

Es posible que te cause extrañeza el hecho de recordarte. Descuida: no eres la única que debe de sentir lo mismo; tal vez los espacios que aún cohabitan en mis adentros no dejan de desolarme con el pasar del tiempo

Mi vida se convirtió en un péndulo: al inicio, por breves instantes, me hallo incólume, hasta que el movimiento oscilante me dirige hacia el lado opuesto, cayendo como consecuencia en mi imperecedera aflicción

No creo que sea vano, incluso afirmaría que es necesario el hacértelo saber: aún eres por quien los atardeceres llegan a su esplendor, propicias que el viento se arremoline en mi interior convirtiéndose en fuego hasta hacer arder en pasión a mi corazón, causante de lo más bello y más puro que pudo haber nacido de mi ser, no existe nada en este mundo que me haga olvidar lo que todavía mora en los aposentos de mi dolor

¿Qué duele más? ¿Estar contigo o estar sin ti? No, no tienes la respuesta

Viviré en ti, por ti, para ti, hasta la conclusión de mi nimio paso por estos lares terrenales

Ignórame, si te apetece, mi venerada y dañada, inseguridad

domingo, 25 de enero de 2009

SUEÑO

Me es difícil escribirte ahora, después de casi un año de tu partida. Quizá es porque fui muy cobarde o derrepente no me hallaba preparado para expresarte lo que muy pocas veces te dije pero que conocías muy bien.

No existe dolor más grande que el perder a alguien. El tratar de aceptar que ya nunca más verás a esa persona a tu lado, que solo vivirá en ti cada vez que recuerdes algún instante juntos y tus ojos se desborden en lágrimas, cuando sientas que una parte dentro de ti se estruja, se quiebra, se rompe y todo tu mundo se viene abajo, caes en el vacío y nada ni nadie puede detener tu estrepitosa caída, debes seguir adelante, reponerte, tratar de continuar con lo que llamamos vida. Muchísimo más fácil es decirlo que hacerlo. Cierto.

Tuve varios sueños contigo después de lo sucedido. Creo que el más real, en el cual sentí nuevamente tu presencia fue en donde aseveraste que siempre estarías conmigo. No dudo de tal afirmación. No pude evitarlo y desperté con las pupilas húmedas, sollozando tu ausencia.

Recuerdo cuando hace algunos años me operaron. ¿Te acuerdas? Me ibas a visitar, a diario, me hacías reír, nos reíamos los dos, me cuidabas, me protegías, me hacías olvidar esa penosa experiencia.

Tu sonrisa, tu amago de querer golpearme cuando te gastaba alguna broma, cuando me imitabas, cuando te imitaba, cuando peleábamos, cuando sentí que ya no podía más, que no quería saber nada de mí ni de nadie, me diste fuerzas, me apoyaste hasta el final, gracias a ti evité concretar muchísimas tonterías de las cuales me habría arrepentido toda la vida.

El decirte gracias es absurdo porque sabías que hacías lo correcto. Me duele el haber cuestionado lo que era lo mejor para mí, lo cual ocasionó malestares tuyos pero yo, obstinado, me enquistaba en mis elecciones, muchas de ellas erradas.

Si por alguna razón se me concediera un deseo pediría volver a verte y decirte te quiero y gracias, pese a que te opondrías a que te lo dijera, gracias por todo lo que hiciste por mí, por tus palabras, por tus consejos, por tus regaños, por velar por mí, por aliviar lo que en ocasiones me desmoronaba por completo, por haberme sabido comprender cuando tomaba alguna decisión, así haya sido equivocada.

Nunca existirá forma en que yo pueda retribuirte todo el amor que siempre me brindaste y el cuidado que tuviste para conmigo desde mis primeros años de vida, perdurarán en mí hasta el momento en que nuevamente nos encontremos.

Te quiero y te querré toda la vida, Mamá Mila.

domingo, 18 de enero de 2009

UNA Y OTRA Y OTRA VEZ

Pareciera que tuviese otra vez (como últimamente me ha estado ocurriendo) quince años; diría más bien que los cambios han sido más que mentales solo físicos ya que no es posible que siga comportándome como un imberbe joven que desconoce su rumbo. Me refiero a un cambio específico con relación al amor. Realmente, cuando me atrae alguien o intuyo que esto ocurre es debido a reacciones externas, peor aún, el medio que me rodea para “darme cuenta de”.

Sí, sí, sí, y un millón de veces sí, lo admito, “triste y pobre huevón”, “inmaduro”, entre otras perlas pueden salir del común denominador de las personas, pero es cierto: a quién en alguna ocasión no le ha sucedido de no saber lo que siente por alguien (lo que conocemos por confusión) hasta que alguien suelta una frase, un comentario o sabes de gente que está al acecho de esa persona por la cual no identificas en verdad lo que empieza a nacer dentro de ti y sientes ese cosquilleo, ese hormigueo que te recorre el cuerpo cada vez que te ves amenazado.

Menciono todo lo anterior por lo acontecido en estas últimas dos semanas: empecé a laborar en una pastelería y conocí a una chica llamada Analí. Ella me pareció una chica común y corriente, hasta tímida en algún momento, pero bastó a que tuviera confianza con el grupo de gente que trabaja en dicho establecimiento para vislumbrar su verdadera personalidad: una chica extrovertida, conversadora, incluso de gastar bromas a los demás. Debo añadir que nos veíamos poco debido a que trabajamos en turnos diferentes.

Hasta que a la semana de iniciadas las jornadas laborales, la cambiaron de turno y nos tocó trabajar juntos un domingo por la mañana. Conversamos poco (dicho sea de paso, la pastelería es un boom los fines de semana en las primeras horas del día debido a que el grueso de dulces se los llevan para degustarlos en la playa). Llegó la hora de salida, los dos salíamos a la misma hora. Ella, como fiel amante del trabajo, ingresó raudamente al baño y se cambió de ropa lo más rápido que pudo. Yo, en cambio, seguía tras el mostrador, a la espera de clientes con los demás compañeros de trabajo.

Salió Analí y los demás me espetaron: “Oye, cómo se va a ir sola: ACOMPÁÑALA”. Dibujé una sonrisa para escapar del aprieto y fui directo a los servicios higiénicos para proceder al igual que ella. Salí y ella estaba hablando por su celular con alguien que me es desconocido hasta ahora.

Olvido un punto importantísimo: a los tres días de trabajo tuve problemas auditivos, lo cual me dificultó más de una vez mantener una conversación fluida con alguien, los “perdón”, “disculpa”, “¿ah?” entre otros fueron los que más proferí durante esa semana.

Nos fuimos caminando, conversamos sobre todo. Mentiría si digo que escuché todo lo que me contaba. Error mío: debí explicarle desde el principio mi problema, supongo que en varias ocasiones me habrá hecho preguntas o habrá lanzado comentarios al aire a la espera de que yo respondiera. Habré quedado como un soberano tarado o un sobrado al no contestar. Soy un loser.

Como todos los que llevamos una cortísima vida amorosa, nos contamos nuestras desventuradas situaciones vividas. Creo que yo era, el “experimentado”, el “más centrado”, todo gracias a que me encuentro, encontraba, sosegado, sin nadie dando vueltas en mi cabeza ni rondando mis pensamientos. Hoy no puedo decir lo mismo.

Ella también me narró su extraña situación amorosa que no me compete mencionarla. Solo puedo comentar que no podría vivir una circunstancia así simplemente porque ya me pasó. Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico, profesan unos. Yo mencionaría, mejor aún, el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces. Y vaya que he seguido a rajatabla este adagio.

Esa tarde me sentí bien. Después de muchísimo tiempo me sentía muy complacido al sostener una conversación con alguien pese a las dificultades existentes. Ignoro si ella sintió igual que yo, lo dudo.

Aquella fue la única ocasión que hablamos. Durante la semana nos hablamos, claro, no es lo mismo conversar con alguien por cerca de dos horas y más que cada cinco o diez minutos con la presión del trabajo. Nos volvieron a cambiar de horario y nuevamente trabajamos en turnos distintos.

Realmente, no creo que nada suceda. Lo sé por la extraña situación en la que se ve inmersa y a que este pechito está cansado de ser el príncipe que salva a la damisela en peligro o el superhéroe de la película que se queda con la chica bonita, con la diferencia que no soy príncipe sino un vasallo que termina solo o el extra que solo sirve de utilería para el largometraje o, peor y triste aún, de los que se sacrifica para que esa persona sea feliz, “aunque no sea conmigo”. Aj.

Todo es una nebulosa de posibilidades, nadie puede decir esto va a pasar, aquello no. Solo el tiempo será quien decida qué es lo mejor. El tiempo me ayudo muchísimas veces. Espero que también pueda ayudar a Analí. Espero que yo también pueda ayudarla.