viernes, 11 de enero de 2008

EPÍSTOLA A TU REMINISCENCIA

Perdona el atrevimiento de escribirte pero tengo que confesarte lo que llevo por dentro desde hace muchísimo tiempo. Una sensación que consume mi interior, que me lleva a admitirlo y ya no ocultarlo ni un instante más.

Desde el primer momento en que te vi no pude describir lo que veía frente a mí: ¿estaba soñando?, ¿acaso había muerto, ascendí a los cielos y tenía ante mí a un ángel?, ¿quizá me encontraba en medio de la mitología griega y Afrodita deslumbraba mis ojos con su presencia?

Sé que nunca podré siquiera admirarte de cerca. Sólo soy un ingenuo mortal intentando blasfermar suplicando por ver tu angelical rostro que no hace más que turbar mi, ya de por sí, atribulado deseo.

¿Sabes? Por ti no escatimaría esfuerzos por verte sonreír, por posibilitar verme reflejado en esos tus hipnotizantes ojos que al atisbarlos ya me dejan sin respiración y son el motivo de mi apasionado sentimiento.

Quiero que sepas, además, que lo que siento por ti no dejó, ni deja ni dejará nunca de crecer en mí. El sentimiento es tan bello que no dudaría en quitarme un pedazo de mi alma y dártela como ofrenda de todo lo que significas para mí.

Mi corazón también te lo entrego como muestra de lo importante que eres para mí; tómalo, sí, te lo concedo para que lo lleves siempre en ti y recuerdes que eres la soberana vitalicia de mis emociones.

Te confiero todo de mí. Seré tu esclavo perpetuo, tu eterno servidor, el prisionero de tu profunda y cautivadora mirada, el centinela de tu sosiego, el celador de tus ojos, el cuidador de tus pasos, el vigía de tu sonrisa, el protector de tus sueños, el guardia de tus deseos, el vigilante de tu alma, el mecenas de tu amor.

Me postro a tus pies, rindo pleitesía a tu beldad, me doblego ante tu celestial imagen, venero tu resplandor, el haz de luz que irradia tu semblante. Idolatro tu existencia divina, palpo el firmamento cuando me regalas el brillo de tu existencia, llego al nirvana al saber que vives en el mundo terrenal, rasgo la gloria cuando adoro tu utópica belleza.

Te agradezco por haber creado en mí este sentimiento tan sublime que nunca llegará a extinguirse. Me despido de ti, mi inalcanzable criatura del Edén, te dejo esperando por alguna oportunidad por saber de ti, por encontrarte alguna vez en mi vida y robarte unos minutos de tu tiempo para poder contemplarte.

Adiós, mi ángel. Adiós mi musa inspiradora.

Adiós, mi Maite.

martes, 1 de enero de 2008

QUE LEVANTE LA MANO...

En vista de que sigo careciendo de inspiración para escribir, he encontrado un vídeo en el cual todos nosotros (hombres) nos sentiremos totalmente reflejados (y quien diga que no le ha pasado está mintiendo).



¿Es que acaso la única manera de que se fijen en uno es siendo indiferente?

P.D.: No vale llorar sobre la leche derramada...