Era un día como cualquier otro; sin embargo nadie presagiaba lo que iba a suceder en el interludio de la tarde con la noche, eufemismo del crepúsculo.
Esa tarde de agosto, Carlos, al promediar las seis de la tarde, procedió a bañarse, demoró, como es su sana costumbre, alrededor d veniticinco minutos en la ducha; en su cuarto, que compartía con su hermano, se hallaba Fernando, sentado frente a la computadora, quemando sus neuronas en el adictivo Messenger (MSN para mayores señas); en otra habitación, la de sus abuelos, se encontraban estos, su abuelo descansando y su abuela,a quien cariñosamente decían MAMÁ LISA, leía el periódico del día, mejor dicho, resolviendo el crucigrama, afición practicada desde hace varios años.
Carlos salió del baño, se afeitó la irrisoria barba que crecía y se dirigió al cuarto de sus padres, en la cama había colocado sus vestimentas, al lado de su radio, que se encontraba sobre una silla de plástico. Todo normal, tranquilo.
Él solo llevaba encima la bata de baño, encendió el aparato de sonido y sintonizó la radio Studio 92, con el programa Mal Elemento, este último en plena apuesta con el otro programa Damián y El Toyo, la cual constaba que la ex animadora infantil de antaño, Yola Polastri, debía ir al estudio con la no menos popular Gallina Turuleca.
Cuando disponía a vestirse, Carlos sintió un ruido, -un temblor-pensó. El reloj marcaba las seis de la tarde con cuarenta y un minutos. -Ya pasará-respondió para sus adentros, bajó el volumen del aparato y se dirigió hacia el umbral de la puerta del cuarto de sus padres.
-Ya termina,maldición, ya abúrrete- decía para sí mismo Carlos, pero el movimiento telúrico persistía; en la habitación contigua, Fernando, su hermano, se puso de pie y se dirigió al umbral de su cuarto.
Al otro extremo del segundo piso de su casa, su abuela emitió lo que para todos era ya obvio: -Carlos, temblor-con un poco de alarma. -Sí sí, ya sé Mamá Lisa, ya pasará- quiso mitigar el miedo que podría invadir a su abuela.
Nada más lejos de la realidad: el temblor rehuía a terminar.-Fernando sigue- pronunció Carlos a su hermano menor; éste no respondió.
Fue entonces que los hermanos se dirigieron hacia el umbral de otra puerta, que conectaba a las escaleras del primer y tercer piso; en el camino Carlos tuvo la sensación como si la casa hubiera sufrido un hundimiento.-Ya fue,ahorita se abre la casa-pensaba casi al borde de la desesperación el semidesnudo joven.
-Sigue el temblor-lamentaba su abuela,perdiendo la serenidad.-Ya va a terminar- nuevamente intentando calmarla Carlos, Fernando seguía enmudecido a su lado;ambos oyeron cómo se rompía una ventana de la casa de su vecino, a la par de gritos desesperados de la gente en la calle.
-Miguel, siéntate, de una vez- con voz entrecortada le ordenaba la Mamá Lisa a su esposo; el temblor proseguía, Carlos empezaba el hermetismo que pretendió guardar. Junto a su hermano se dirigieron al umbral de la habitación de sus abuelos.Allí, con dificultad, su abuela llevaba a su esposo hacia el mencionado lumbral.
-Sigue Carlos-su abuela, ya con lágrimas en los ojos,-sigue Dios mío-a punto de descontrolar a Fernando.-Ya Mamá Lisa, ya va a pasar- en la frase que había repetido continuamente durante el interminable temblor.
Hasta que la furia de la naturaleza acabó.-Ya, ya terminó- pronunció con cierto nerviosismo Carlos.-No, todavía sigue- dijo su ya inconsolable abuela.-No, ya teminó- Carlos, más tranquilo que antes.
Ya repuesto de todo, Carlos fue hacia la habitación de sus padres, se vistió y regresó a los aposentos de sus abuelos.Fernando regresó nuevamente a su habitación, hacia la computadora. -Ha sido muy largo este temblor-concluyendo lo que para esas horas ya era demasiado evidente la Mamá Lisa.-Sí-respondió un tembloroso Carlos.
Encendieron la radio de Mamá Lisa, era radio RPP, hablando, como es de suponer, del fuerte movimiento sísmico.-El sismo ha durado tres minutos-lanzaba al aire el locutor radial.-¿Tres minutos?,parecía el fin del mundo-murumuró Carlos.-El sismo tuvo de intensidad 7.5 en la escala de Ritcher-finalizó la información el periodista.
Le comentó la noticia a su abuela. Ella, con el aún pánico:"Asu madre, parecía más", finiquitó su abuela, para su felicidad. -Puede haber réplicas, mejor vamos a la sala- le comunicó a su abuela.-Está bien, llevemos a tu abuelo- replicó su abuela.
Bajaron hacia esa parte de la casa, se disponían a usar el teléfono pero no funcionaba, de igual manera los teléfonos celulares.Totalmente incomunicados, solos y con un poco de miedo.
-Ericka- fue lo primero que se le vino a la mente a Carlos, agarró el teléfono pero no había comunicación.-Katty, Karen, Luis Ángel, Josué, Micaela; ojalá que estén bien- terminó de hablar, lanzando su mirada hacia las escaleras que se hallaban frente a él.
Pasadas las horas, la información del traumático sismo arrojó los siguientes resultados: TERREMOTO DE 7.9º en la escala de Ritcher, Pisco totalmente devastada por la fuerza de la naturaleza, Ica de igual forma, Chincha y Cañete también sufrieron los estragos del fuerte movimiento, algunas casas afectadas en Lima, más de 500 muertos registrados, varios desaparecidos, carreteras destruidas y millones de dólares en pérdidas.
Esa tarde de agosto, Carlos, al promediar las seis de la tarde, procedió a bañarse, demoró, como es su sana costumbre, alrededor d veniticinco minutos en la ducha; en su cuarto, que compartía con su hermano, se hallaba Fernando, sentado frente a la computadora, quemando sus neuronas en el adictivo Messenger (MSN para mayores señas); en otra habitación, la de sus abuelos, se encontraban estos, su abuelo descansando y su abuela,a quien cariñosamente decían MAMÁ LISA, leía el periódico del día, mejor dicho, resolviendo el crucigrama, afición practicada desde hace varios años.
Carlos salió del baño, se afeitó la irrisoria barba que crecía y se dirigió al cuarto de sus padres, en la cama había colocado sus vestimentas, al lado de su radio, que se encontraba sobre una silla de plástico. Todo normal, tranquilo.
Él solo llevaba encima la bata de baño, encendió el aparato de sonido y sintonizó la radio Studio 92, con el programa Mal Elemento, este último en plena apuesta con el otro programa Damián y El Toyo, la cual constaba que la ex animadora infantil de antaño, Yola Polastri, debía ir al estudio con la no menos popular Gallina Turuleca.
Cuando disponía a vestirse, Carlos sintió un ruido, -un temblor-pensó. El reloj marcaba las seis de la tarde con cuarenta y un minutos. -Ya pasará-respondió para sus adentros, bajó el volumen del aparato y se dirigió hacia el umbral de la puerta del cuarto de sus padres.
-Ya termina,maldición, ya abúrrete- decía para sí mismo Carlos, pero el movimiento telúrico persistía; en la habitación contigua, Fernando, su hermano, se puso de pie y se dirigió al umbral de su cuarto.
Al otro extremo del segundo piso de su casa, su abuela emitió lo que para todos era ya obvio: -Carlos, temblor-con un poco de alarma. -Sí sí, ya sé Mamá Lisa, ya pasará- quiso mitigar el miedo que podría invadir a su abuela.
Nada más lejos de la realidad: el temblor rehuía a terminar.-Fernando sigue- pronunció Carlos a su hermano menor; éste no respondió.
Fue entonces que los hermanos se dirigieron hacia el umbral de otra puerta, que conectaba a las escaleras del primer y tercer piso; en el camino Carlos tuvo la sensación como si la casa hubiera sufrido un hundimiento.-Ya fue,ahorita se abre la casa-pensaba casi al borde de la desesperación el semidesnudo joven.
-Sigue el temblor-lamentaba su abuela,perdiendo la serenidad.-Ya va a terminar- nuevamente intentando calmarla Carlos, Fernando seguía enmudecido a su lado;ambos oyeron cómo se rompía una ventana de la casa de su vecino, a la par de gritos desesperados de la gente en la calle.
-Miguel, siéntate, de una vez- con voz entrecortada le ordenaba la Mamá Lisa a su esposo; el temblor proseguía, Carlos empezaba el hermetismo que pretendió guardar. Junto a su hermano se dirigieron al umbral de la habitación de sus abuelos.Allí, con dificultad, su abuela llevaba a su esposo hacia el mencionado lumbral.
-Sigue Carlos-su abuela, ya con lágrimas en los ojos,-sigue Dios mío-a punto de descontrolar a Fernando.-Ya Mamá Lisa, ya va a pasar- en la frase que había repetido continuamente durante el interminable temblor.
Hasta que la furia de la naturaleza acabó.-Ya, ya terminó- pronunció con cierto nerviosismo Carlos.-No, todavía sigue- dijo su ya inconsolable abuela.-No, ya teminó- Carlos, más tranquilo que antes.
Ya repuesto de todo, Carlos fue hacia la habitación de sus padres, se vistió y regresó a los aposentos de sus abuelos.Fernando regresó nuevamente a su habitación, hacia la computadora. -Ha sido muy largo este temblor-concluyendo lo que para esas horas ya era demasiado evidente la Mamá Lisa.-Sí-respondió un tembloroso Carlos.
Encendieron la radio de Mamá Lisa, era radio RPP, hablando, como es de suponer, del fuerte movimiento sísmico.-El sismo ha durado tres minutos-lanzaba al aire el locutor radial.-¿Tres minutos?,parecía el fin del mundo-murumuró Carlos.-El sismo tuvo de intensidad 7.5 en la escala de Ritcher-finalizó la información el periodista.
Le comentó la noticia a su abuela. Ella, con el aún pánico:"Asu madre, parecía más", finiquitó su abuela, para su felicidad. -Puede haber réplicas, mejor vamos a la sala- le comunicó a su abuela.-Está bien, llevemos a tu abuelo- replicó su abuela.
Bajaron hacia esa parte de la casa, se disponían a usar el teléfono pero no funcionaba, de igual manera los teléfonos celulares.Totalmente incomunicados, solos y con un poco de miedo.
-Ericka- fue lo primero que se le vino a la mente a Carlos, agarró el teléfono pero no había comunicación.-Katty, Karen, Luis Ángel, Josué, Micaela; ojalá que estén bien- terminó de hablar, lanzando su mirada hacia las escaleras que se hallaban frente a él.
Pasadas las horas, la información del traumático sismo arrojó los siguientes resultados: TERREMOTO DE 7.9º en la escala de Ritcher, Pisco totalmente devastada por la fuerza de la naturaleza, Ica de igual forma, Chincha y Cañete también sufrieron los estragos del fuerte movimiento, algunas casas afectadas en Lima, más de 500 muertos registrados, varios desaparecidos, carreteras destruidas y millones de dólares en pérdidas.
